Habiendo leído el discurso del recién electo Presidente de Francia (discurso
de Bercy, 29 de abril de 2007), me parece interesante hacer un paralelo con
la realidad política chilena, y, de paso, hacer un par de aclaraciones sobre la situación que afecta de igual forma a nuestro país, sumido en la confusión conceptual –a mi juicio, intencional por parte de muchos políticos chilenos tradicionales…
Sarkozy parte diciendo que «…la nación no es sólo la identidad. Es también la capacidad de estar juntos para protegerse y para actuar. Es el sentimiento de que no se está solo para afrontar un futuro angustioso y un mundo amenazante. Es el sentimiento de que, juntos, se es más fuerte, y podremos hacer frente a lo que, solos, no podríamos afrontar. El pueblo que se moviliza, que se convierte en una fuerza colectiva, es una potencia temible que puede actuar tanto para lo mejor como para lo peor. Hagamos las cosas de manera que sea para lo mejor»...
Estas ideas de nación como agrupación en función de las personas y de empoderamiento de la sociedad civil, así como la consideración de la persona como criterio rector en la búsqueda del Bien Común, es una característica del pensamiento liberal, que inspira a los partidos de centro-derecha, y que la izquierda ha distorsionado comunicacionalmente, haciéndonos creer que son ellos quienes se preocupan por las personas del pueblo. ¡Mentira, amigos! La izquierda funciona precisamente sobre la base de la destrucción de la persona y de su instrumentalización para el beneficio del Estado, gobernado por unos pocos, que se llenan de beneficios a sí mismos, escudados en un slogan vacío, engañoso… Y la forma de destruir a la persona es justamente tratándola no como persona, sino como un mero componente de un ente colectivo, es decir, como parte del pueblo, parte de la ciudadanía, etc., en vez de centrarse en el poblador, el ciudadano, como debe ser. Como podrán ver, si analizan los discursos de nuestros gobernantes, en nuestro país, éste es un problema latente.
Luego, hace referencia a su experiencia electoral en relación con el rescate de los parámetros morales que deben regir a la política, o sea, respecto del fondo, de la dirección, de la política en la actualidad, sosteniendo lo siguiente: «No me da miedo la palabra “moral”. Desde mayo de 1968 no se podía hablar de moral. Era una palabra que había desaparecido del vocabulario político. Hoy, por primera vez en decenios, la moral ha estado en el corazón de la campaña presidencial. Mayo del 68 nos había impuesto el relativismo intelectual y moral. Los herederos del 68 habían impuesto la idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo. Habían querido hacernos creer que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos alumnos, que no había diferencias de valor y de mérito.
Habían querido hacernos creer que la víctima cuenta menos que el delincuente,
y que no puede existir ninguna jerarquía de valores. Habían proclamado que todo está permitido, que la autoridad había terminado, que las buenas maneras habían terminado, que el respeto había terminado, que ya no había nada que fuera grande, nada que fuera sagrado, nada admirable, y tampoco ya ninguna regla, ninguna norma, nada que estuviera prohibido.
Recordad el eslogan de Mayo del 68 en las paredes de la Sorbona: “Vivir sin obligaciones y gozar sin trabas”. Así la herencia de Mayo del 68 ha liquidado a la escuela de Jules Ferry en la izquierda francesa, que era una escuela de la excelencia, del mérito, del respeto, del civismo; una escuela que quería ayudar a los niños a convertirse en adultos y no a seguir siendo niños grandes, una escuela que quería instruir y no infantilizar, porque había sido construida por grandes republicanos que tenían la convicción de que el ignorante no es libre. Pero la herencia de Mayo del 68 ha liquidado esa escuela que transmitía una cultura común y una moral compartida, cultura y moral gracias a las que todos los franceses podían hablarse, comprenderse, vivir juntos. La herencia de Mayo del 68 ha introducido el cinismo en la sociedad y en la política. Han sido precisamente los valores de Mayo del 68 los que han promovido la deriva del capitalismo financiero, el culto del dinero-rey, del beneficio a corto plazo, de la especulación. El cuestionamiento de todas las referencias éticas y de todos los valores morales ha contribuido a debilitar la moral del capitalismo, ha preparado el terreno para el capitalismo sin escrúpulos y sin ética, para esas indemnizaciones millonarias de los grandes directivos, esos retiros blindados, esos abusos de ciertos empresarios, el triunfo del depredador sobre el emprendedor, del especulador sobre el trabajador»...
Cuando Sarkozy señala que se había implantado la creencia que no hay diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo, simplemente rescata, una vez más, a la persona. La persona es esencialmente autónoma, es decir, se da normas a sí misma, toda vez que frente a cualquier situación tiene su noción del “ser” y del “deber ser”. Este proceso lo experimentamos inconscientemente todos los días, de modo que la estrategia de derribar las normas nuevamente es el mecanismo de la izquierda para anular a la persona. Amigos, como personas, conscientes de nuestra calidad de tales, no podemos permitir que una ideología nos ponga el pie encima, convirtiéndonos en objetos a su disposición. ¡No nos dejemos engañar!
Cuando habla de la costumbre de hacernos creer que el alumno vale tanto como el maestro, que el delincuente vale más que la víctima, etc., también nos encontramos con un problema que nos está afectando diariamente a los chilenos. No se trata de poner al maestro por sobre el alumno ni a la víctima por sobre el delincuente en su calidad de personas, ya que las personas, como tales, y sus vidas, no son comparables. En ese sentido, todas valen lo mismo, es cierto. Y esto es defendido por el pensamiento liberal. Pero sí existe una diferencia en cuanto al orden social. El maestro tiene autoridad sobre el alumno, ya que su tarea es precisamente enseñarle, formarlo. Y el delincuente que ha atentado con sus actos contra la sociedad, tiene una deuda con ella, y ésta tiene no sólo el derecho de aislarlo, sino el deber de hacerlo, a fin de proteger a las personas honestas que conforman la sociedad y de promover la rehabilitación del infractor.
Podemos observar que también en Chile sufrimos de la mantención intencionada de las personas en la ignorancia; vemos cómo en vez de ayudar a los niños a convertirse en adultos, el Estado promueve una “cultura” que nos haga seguir siendo niños grandes; en vez de instruirnos, nos infantilizan y nos tratan como si los ciudadanos fuéramos incapaces necesitados de la tutela de “Papá Estado”; y nos privan de nuestra libertad, manteniéndonos en una ignorancia que les permita conquistar votos con simples slogans politiqueros populistas.
Y, es más: ha sido la misma izquierda la que con su materialismo ha asentado un capitalismo depredador, buscando simplemente obtener beneficios económicos personales. Más de una vez hemos visto que lo primero que los políticos de izquierda hacen al ser electos es cambiar su domicilio a una vivienda de lujo, adquirir autos de lujo, etc… Todos hemos sido testigos de esas indemnizaciones millonarias a los cargos directivos en Chile, y de esos retiros camuflados a través de instituciones públicas para financiar sus campañas políticas y sus intereses personales; hemos visto las alianzas entre los políticos de izquierda y las grandes empresas; hemos visto cómo concesionan todo, traspasando todos los costos a los ciudadanos indefensos; cómo se han despreocupado de los trabajadores y de crear nuevas fuentes de trabajo, ya que se han dedicado a matar el emprendimiento (para qué comentar las trabas a los pequeños y medianos empresarios, y los microempresarios, que con mucho esfuerzo tratan de surgir)… Esa izquierda que se llena la boca de utopías y bonitos discursos, pero que en la práctica se comporta como el más despiadado explotador egoísta, también existe en Chile, y está demasiado institucionalizada…
Sarkozy habla también sobre “la izquierda hipócrita”, señalando que «los herederos de Mayo del 68 han degradado el nivel moral de la política. Todos esos políticos que reivindican la herencia de Mayo del 68, dan al prójimo lecciones que jamás se aplican a sí mismos, quieren imponer a los demás comportamientos, reglas, sacrificios que jamás se imponen a sí mismos. Proclaman: “Haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago”. Ésa es la izquierda heredera de Mayo del 68, la que está en la política, en los medios de comunicación, en la administración, en la economía. La izquierda que le ha tomado gusto al poder, a los Privilegios. La izquierda que no ama a la nación porque no quiere compartir nada. Que no ama a la República porque no ama la igualdad. Que pretende defender los servicios públicos, pero que jamás veréis en un transporte colectivo. Que ama tanto la escuela pública, que a sus hijos los lleva a colegios privados. Que dice adorar la periferia, pero que se cuida muy mucho de vivir en ella. Que siempre encuentra excusas para los violentos, a condición de que se queden en esos barrios a los que ella, la izquierda, no va jamás. Esa izquierda que hace grandes discursos sobre el interés general, pero que se encierra en el clientelismo y el corporativismo. Que firma peticiones y manifiestos cuando se expulsa a algún “okupa”, pero que no aceptaría que se instalaran en su casa. Que dedica su tiempo a hacer moral para los demás, sin ser capaz de aplicársela a sí misma. Esa izquierda, en fin, que entre Jules Ferry y Mayo del 68 ha elegido Mayo del 68, es la que condena a Francia a un inmovilismo cuyas principales víctimas serán los trabajadores, los más modestos, los más pobres.
Ésa es la izquierda que desde Mayo del 68 ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que ha dejado de hablar a los trabajadores, de sentirse concernida por la suerte de los trabajadores, de amar a los trabajadores; porque el valor trabajo ya no forma parte de sus valores, porque su ideología ya no es la de Jaurès o la de Blum, que respetaban a los trabajadores, sino que ahora la ideología de la izquierda es la del reparto obligatorio del trabajo, la de las 35 horas, la del asistencialismo. La crisis del trabajo es ante todo una crisis moral, y en ella la herencia de Mayo del 68 tiene una enorme responsabilidad»...
¡Qué lamentable que estas prácticas nos sean tan familiares! Los chilenos ya nos hemos dado cuenta de cómo la Concertación de Partidos “Por la Democracia” le ha tomado gusto al poder, a los privilegios; esa Concertación que pretende defender los servicios públicos, pero a cuyos representantes jamás veremos en un transporte colectivo; que defiende tanto la escuela pública y la estatización de la educación, pero que a sus hijos los lleva a colegios privados; que dice adorar la periferia, pero que se cuida muy mucho de vivir en ella; que siempre encuentra excusas para los violentos, a condición de que se queden en esos barrios a los que ella, la Concertación, no va jamás; esa Concertación que hace grandes discursos sobre el interés general, pero que –también aquí- se encierra en el clientelismo y el corporativismo; que firma peticiones y manifiestos cuando se expulsa a algún “okupa”, pero que no aceptaría que se instalaran en su casa; esa Concertación que dedica su tiempo a hacer moral para los demás, sin ser capaz de aplicársela a sí misma… El mismo problema se repite en distintos países, que se encuentran a miles de kilómetros de distancia. ¿Por qué ocurre esta similitud?, podríamos preguntarnos. La respuesta es simple: el problema es la ideología que se esconde en el fondo detrás de esos discursos de la centro-izquierda que suenan tan bonitos…
Y continúa describiendo que «la herencia de Mayo del 68 ha debilitado la autoridad del Estado. Esos herederos de los que en Mayo del 68 gritaban “CRS = SS”, toman sistemáticamente partido por los violentos, los alborotadores y los estafadores contra la policía. Lo hemos visto tras los incidentes de la Estación del Norte. En lugar de condenar a los violentos y de apoyar a las fuerzas del orden y su difícil trabajo, no se les ha ocurrido nada mejor que esta frase, que merecería ser inscrita en los anales de la República: “Es inquietante constatar que se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud”. Como si los vándalos de la Estación del Norte representaran a toda la juventud francesa. Como si fuera la policía la que estaba actuando mal, y no los violentos. Como si los violentos hubieran destrozado todo y saqueado los comercios para expresar una revuelta contra una injusticia. Como si el hecho de ser jóvenes lo excusara todo. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente siempre inocente. Ésos son los herederos de Mayo del 68, que denigran la identidad nacional, que atizan el odio a la familia, a la sociedad, al Estado, a la nación, a la República… No se puede decir que se desea el orden y tomar sistemáticamente partido contra la policía. No es posible seguir denunciando la “provocación” y el “Estado policial” cada vez que la policía intenta hacer respetar la ley. No se puede decir que uno apuesta por el valor del trabajo y, al mismo tiempo, generalizar las 35 horas, seguir cargándolo con impuestos y estimular la mentalidad del asistido, del que cobra del Estado para no trabajar. No se puede decir que se desea obstaculizar las deslocalizaciones y al mismo tiempo rechazar cualquier experimentación del IVA social, que permite financiar la protección social con las importaciones. No es posible proclamar grandes principios y negarse a inscribirlos en la realidad»...
Me pregunto, entonces: ¿No son demasiadas las “coincidencias”?
Al hablar de la filosofía política que hace de la centro-izquierda una forma política nociva, y al defender los ideales de la centro-derecha, Sarkozy sostiene que «al poner sistemáticamente los derechos por encima de los deberes, los herederos de Mayo del 68 han debilitado la idea de ciudadanía. Al denigrar la ley, el Estado y la nación, los herederos de Mayo del 68 han favorecido el crecimiento del individualismo. Han incitado a cada cual a no pensar más que en sí mismo y a no sentirse concernido por los problemas del prójimo»… a continuación, como defensor del liberalismo, corriente esencialmente de centro-derecha, rescata «la libertad individual, compensando el individualismo con el civismo, con una ciudadanía hecha de derechos pero también de deberes. (Promueve) …derechos nuevos, derechos reales y no virtuales …un derecho real a un techo, al alojamiento. Un derecho real al cuidado de los hijos, a la escolarización de niños con minusvalías, a la dependencia para los mayores …el derecho a un contrato de formación para los jóvenes de más de 18 años, y a la formación a lo lago de toda la vida …el derecho a la caución pública para aquellos que no tienen padres, para los que no tienen relaciones, para los enfermos a los que no se les quiere prestar porque se considera que representan un riesgo demasiado elevado …el derecho a un contrato de transición profesional para los que están en paro. Pero …que estos derechos estén equilibrados con los deberes. La ideología de Mayo del 68 habrá muerto cuando la sociedad se atreva a recordar a cada cual sus deberes, cuando en la política francesa se ose proclamar que, en la República, los deberes son la contrapartida de los derechos. Ese día al fin se habrá realizado la gran reforma moral e intelectual que Francia necesita una vez más. Entonces podremos reconstruir sobre cimientos renovados esa República fraternal que es el sueño siempre inacabado, nunca realizado de Francia desde el primer día en que tuvo conciencia de su existencia como nación. Porque Francia no es una raza, no es una etnia, ni sólo un territorio; Francia es un ideal Incansablemente perseguido por un gran pueblo que, desde su primer día, cree en la fuerza de las ideas, en su capacidad para transformar el mundo y hacer la felicidad de la humanidad»...
Lo mismo se puede decir de Chile.
Amigos, los invito a movernos en esa dirección.